Licenciado en Física, astrónomo aficionado y narrador de ciencia ficción.

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¿Sobrevivirá la ciencia ficción a esta pandemia?

Por Erick J. Mota

 

A propósito del 4 de mayo conocido entre los entusiastas de la ciencia ficción como Día Internacional de Star Wars, o día del orgullo friki para muchos, que parte de un juego de palabras en inglés a partir de una nota de felicitación a Margaret Tatcher tras su nombramiento como primera ministra del Reino Unido en el diario británico London Evening News precisamente un 4 de mayo. La frase en cuestión era «May the 4th Be With You, Maggie. Congratulations». Esta frase desencadenó un juego de palabras relacionado con la franquicia de ciencia ficción Star Wars y su frase icónica May the force be with you (que la fuerza te acompañe). La cultura popular ha aceptado este día no solo como un evento relacionado con la franquicia sino con todo lo relacionado con el gusto por la ciencia ficción dentro de la cultura popular.

Como escritor de ciencia ficción en un día tan acorde con el género que cultivo, me siento en el deber de escribir algunas líneas al respecto. Dado que este May the 4th todos estamos en una situación extraordinaria debido a la cuarentena me he decidido a intentar responder una pregunta que se ha vuelto recurrente en las redes sociales últimamente: ¿Vivimos una realidad de ciencia ficción? ¿Será a partir de ahora la ciencia ficción realismo? ¿Sobrevivirá la ciencia ficción a esta pandemia? Aunque parecen tres preguntas diferentes en realidad se trata de una sola, y está relacionada con el extrañamiento popular ante la pandemia y el parecido de la cuarentena con un escenario catastrofista o postapocalíptico.

Ya había escrito antes sobre el papel de los escritores de ciencia ficción para ayudarnos a aceptar los cambios bruscos que depara el futuro. Las personas no están preparadas para cambios radicales sin previo aviso. Existe una teoría que me gusta mucho, se llama Teoría de los sucesos del Cisne Negro, y en pocas palabras expresa que cuando un suceso es sorpresivo y tiene un gran impacto, después del hecho, este suceso es racionalizado por retrospección. Por ejemplo: En el principio fueron las grandes computadoras. Nadie se imaginó que podrían existir computadoras personales que se vendieran a precios más o menos accesibles y con un sistema operativo que no solo pudieran entender los cibernéticos sino cualquier mortal. El público no sabía lo que eran y justo en poco tiempo las computadoras personales inundaron el mercado y hubo al menos una en cada casa. Después de este suceso sorpresivo que cambió la realidad, la estructura de trabajo y la forma en que se comenzaron a hacer las cosas, la idea de que la informática terminaría en ese punto parecía considerablemente lógica. Pero este análisis fue hecho en retrospectiva porque ningún escritor de ciencia ficción previó las PC. Hasta un día antes de venderse la primera, la idea del futuro estaba llena de enormes máquinas calculadoras que cabían en un edificio.

En lo personal, la humanidad no gusta de sucesos del tipo cisne negro y prefiere estar preparada. Una buena parte de la labor social de los escritores de ciencia ficción está en el hecho de proveer a la humanidad de escenarios posibles, aunque poco probables. Un mundo postapocalíptico como La carretera de Cormac McCarthy por si caen bombas atómicas, un futuro arruinado como Neuromante de William Gibson por si los japoneses controlan el mercado norteamericano y una emergencia sanitaria global como La amenaza de Andrómeda de Michael Crichton o Guerra Mundial Z de Max Brooks. Todos estos escenarios son más probables que los dragones de Juego de tronos pero son igualmente poco probables. Incluso el Covid-19 que ha llevado a media humanidad a repensarse su realidad no compite ni con el virus alienígena de Michael Crichton, ni con los zombies de Max Brooks.

La realidad actual no se ha vuelto de ciencia ficción, por más bizarra que parezca, simplemente se ha desviado del curso normal. Ha ocurrido un evento sorpresivo y de gran impacto que no es un cisne negro, puesto que estuvo «previsto» de cierta manera por algunos escritores o guionistas. Podría decirse que los autores de ciencia ficción funcionan como una especie de Crisis management sociales, que piensan con antelación escenarios poco probables, generan posibles protocolos, estados de opinión y ayudan a los que manejarán las crisis futuras, por increíbles que estas parezcan. Ayudando así a mantener la calma y tomar las decisiones correctas bajo mucha presión. No estoy seguro de que sea así, pero la idea me tranquiliza porque pienso que mi profesión tiene un objetivo más abarcador que el entretenimiento o el desarrollo cultural.

En cuanto a la realidad. La realidad nunca será ciencia ficción. No lo fue cuando el Apollo 11 alunizó, pues se siguió escribiendo sobre viajes a la Luna; no lo fue cuando Apple lanzó el ipad, se siguieron haciendo películas de Star Treak (serie donde surge el concepto de un dispositivo portátil de pantalla táctil con forma de pequeña carpeta). Los escritores de ciencia ficción hemos sobrevivido a las predicciones del futuro y a los sucesos no previstos. Sobrevivimos al ciberespacio y a los teléfonos móviles (predichos en obras de ciencia ficción), del mismo modo que sobrevivimos a las PC, al fin de la Guerra Fría y al 11 de septiembre (no previstos por la ciencia ficción). Eso sí, tendremos que repensarnos el futuro, eso ya lo hemos hecho otras veces. Pero que media humanidad crea que estamos viviendo un escenario de ciencia ficción, no es que me disguste tanto. A lo mejor sirve para que los escritores de realismo tomen en serio al género y no lo vean como obras de mero entretenimiento y fantasía desbordada.

Quién sabe si mande una novela de ciencia ficción a un concurso como el Carpentier o Casa de las Américas, y esta vez los jurados se lo toman tan en serio como una novela de realismo.

 

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